lunes, 12 de septiembre de 2011

Capítulo 3

Desayuné un poco antes de coger otra vez el coche. Esta vez íbamos las chicas y Lea en uno y el resto en el otro. Era yo la que conducía. Beth iba a mi lado y Sam iba detrás, con Lea. Beth abrió la guantera y sacó un CD en blanco, no ponía nada. Me miró con el CD en la mano preguntando que si había algo. Yo le contesté con una sonrisa y lo puse. Empezó a sonar una canción que las tres conocíamos muy bien, Coca cola es así, de Doctor Pitangú. Beth se emocionó al escucharla y cogió su móvil a modo de micrófono y empezó a cantar.

- La sensación más especial, la que no se puede explicar, el sabor de tu vida que siempre estará, a tu lado para disfrutar – y después le pasó el micrófono improvisado a Sam.

- Desde siempre ha estado ahí, desde siempre junto a ti y cuando quieres disfrutar, no hay otra igual – cantó Sam dándolo todo. Luego me puso el micro delante de la cara.

- Momentos para compartir, instantes que te hacen feliz, el saber elegir con quien quieres sentir esa chispa que te hace vivir – y en ese momento cantamos las tres.

- Coca cola es así, la gente viene a refrescar – cantamos Beth y yo.

- Es así – cantó Sam.

- Si tienes sed es lo mejor – volvimos Beth y yo

- Es así – otra vez Sam.

- Sabor único y de verdad, Coca cola, coca cola es así – esta vez las tres juntas.

- El atasco es fenomenal, el disgusto no debe durar, lo mejor es cantar, coca cola esta aquí, distraed, animad, sonreíd – coreamos las tres.

- Coca cola es asi, la gente viene a refrescar – solo Beth y yo.

- Es así – cantó Sam alargando la última vocal.

- Si tienes sed es lo mejor – esta vez solo Beth.

- Es así – cantaron Lea y Sam.

- Sabor único y de verdad, Coca cola es así – terminamos de cantar las tres y nos empezamos a reír.

- ¡No me acordaba de este CD! ¡Cuánto tiempo! – gritó emocionada Beth.

- Siempre lo tengo aquí, por si la radio es aburrida. ¿Os acordáis de esa época? Cuando aún éramos jóvenes… - mi voz sonó demasiado melancólica.

- Tampoco somos tan viejas. Unas canas por aquí, unas arruguitas por allá, pero nada más. ¡Estamos en la flor de la vida! – dijo Sam.

- Eso lo dirás por ti guapita. ¡Que yo me acerco peligrosamente a los treinta y cinco! – se quejó Beth.

- ¡Aún te queda un año jovenzuela! – le animé yo. – Y nosotras estamos también cerquita. ¡Las tres hemos pasado de los treinta! Ojala volviéramos a tener los veinte y volviéramos a ese concierto, ¿os acordáis?

- Perfectamente, como si fuera ayer – dijo Sam. – Lo recuerdo porque ahí es cuando empezaste a estar loquita por Harry.

- Cierto. Aunque hasta dos años después no se fijó él en mí – recalqué yo.

- Gracias a quién, ¿eh? – Beth empezó a darme golpecitos en el hombro.

- Gracias a mi maravillosa Beth. Y a Doug, claro. Si él no se hubiera enamorado perdidamente de ti, ahora estaríamos las tres comiéndonos los mocos – las tres reímos.

- Fue una época muy rara. Gracias a Doug conseguí no derrumbarme – estuvo casi un año viviendo en Londres, y por eso se conocieron.

- Menos mal que ahora vivimos relativamente cerca. Me hubiera resultado muy duro separarme de vosotras – dijo Sam con tristeza.

- ¡Eh! ¿Pero qué es esto? Se supone que es un viaje donde estamos todos y lo único que tenemos que hacer es disfrutar. ¡Así que nada de caras largas o me cabrearé! – les amenacé a las dos.

- Cambiando de tema – dijo Beth pensativa y mirando por la ventana. - ¿Cuándo piensas…? – pero no le dejé continuar.

- Chicas, ya os lo he dicho. No va a haber boda – fin del tema.

- ¡Ya hemos llegado a Toulouse! Por fin podemos parar un poco. ¡Tengo el culo dolorido! – y me obligó a que acelerara para llegar cuanto antes.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Capítulo 2

No tardamos mucho en llegar a Folkestone, donde cogeríamos un tren para cruzar el canal hasta Francia. En menos de dos horas estábamos dentro del tren, acomodados en nuestros asientos y con los niños correteando por todo el vagón. Durante esa hora y pico de tren, estuvimos hablando de lo que teníamos planeado hacer en el valle. Algunos preferían tener un campamento base y de ahí movernos a ver los alrededores. Otros preferían quedarnos en ese campamento base todo el viaje, bueno, más bien era Beth la única que quería eso. Le dijimos que podía quedarse allí sola, pero eso le hacía menos gracia que acompañarnos.

En una hora y poco llegamos a Francia. Nos montamos otra vez en los coches y nos pusimos rumbo a Orleans, donde pasaríamos esa noche. Tuvimos que parar varias veces. Eran cuatro horas de trayecto y los niños empezaban a cansarse. Como pasamos por París, decidimos bajarnos del coche para estirar un poco las piernas y que los niños pudieran jugar un rato. Nos adentramos en el Barrio Latino y estuvimos paseando durante un rato. Encontramos un café que nos había recomendado un amigo francés de la universidad, el café Le Basile, muy frecuentado por estudiantes. Comimos algo y recuperamos fuerzas. A la hora de estar ahí, volvimos a la carretera. En poco menos de una hora llegamos a nuestro destino. Nos pareció una ciudad muy bonita y limpia, con casas blancas inmaculadas y otras casas llenas de colores. Habíamos reservado tres habitaciones en un pequeño hotel que había en el centro. Era muy bonito, pero un poco ruidoso. Las escaleras no paraban de crujir con cada paso. Cenamos juntos, pero no tardamos mucho en retirarnos cada familia a su habitación.

Antes de meternos en la cama, alguien llamó a la puerta. Harry fue a abrir y se encontró con las mellizas con el pijama puesto.

- ¡Buenas noches! – dijeron las dos.

- Buenas noches chicas. ¡Espero que podáis dormir algo! Porque los ronquidos de vuestro papá son insoportables – les contestó Harry.

- ¡Por lo menos yo no ocupo tanto espacio! – se oyó gritar desde la habitación de al lado.

- Aquí nadie se ha quejado por eso… – dijo Harry dándose la vuelta para mirarme.

- Todavía – terminé su frase.

Harry cerró la puerta y se metió en la ducha. Yo me puse el pijama y me metí en la cama, con Lucas a mi lado. No tardó nada en dormirse, había sido un viaje muy largo para él. Me encantaba mirarle cuando dormía, se hacía un ovillo y siempre miraba hacia el mismo lado. No me di cuenta de que Harry ya se había tumbado hasta que pasó su brazo por encima de la cabeza de Lucas y me acariciaba.

- Me encantan estos momentos – le dije mirándole y sonriendo.

- Lo sé, se te nota en los ojos, eres feliz – se acercó un poco más y me dio un fugaz beso.

- Te quiero.

- Y yo a ti.

Nos dimos otro beso y apagamos la luz. Teníamos que descansar, nos esperaban muchas más horas de viaje. Cuando me desperté, no vi a ninguno de los dos a mi lado. Escuché un ruido que venía del baño y me levanté para ver si estaban ahí. Harry se estaba lavando los dientes, pero Lucas no estaba.

- Tranquila, está desayunando con los demás. Parecías agotada, así que he preferido dejarte dormir un rato más – y continuó cepillándose los dientes.

- Gracias – me acerqué a él y le abracé por detrás.

Nos miré con detenimiento a través del espejo. Él lo notó y me sonreía mientras seguía aseándose. No nos hacía falta decirnos nada para saber que nos queríamos y que siempre estaríamos juntos. Ni siquiera nos hacía falta casarnos para eso, bueno, o por lo menos a mí. Yo era feliz como estaba, con Harry y Lucas, no necesitaba nada más. Unos simples papeles no demostraban nada, lo que sentíamos solo lo teníamos que saber él y yo. ¿Por qué teníamos que demostrarlo al resto del mundo? ¿Por qué era necesario que quedara plasmado en un papel? No me gustaba nada esa idea, y Harry me apoyaba, pero cada vez me daba más la sensación de que él quería otra cosa. Cuando veía a Doug y Beth o a Tom y Sam, una mirada de envidia se le ponía en el rostro, y eso yo lo notaba. Lo dejamos claro cuando nuestra relación se hizo seria y también cuando tuvimos a Lucas. Él nunca insistió, pero en el fondo se moría por casarse conmigo. Doug y Danny solían bromear con el asunto, y las chicas siempre me presionaban para que diéramos el paso. Pero casarme no entraba dentro de mis planes.

Unas gotas de agua me sacaron de mis pensamientos. Harry ya había terminado y me estaba salpicando para que volviera a la tierra. Yo le sonreí divertida y me colgué de su cuello. Empecé a darle pequeños mordiscos y conseguí que me abrazara.

- Hoy te has levantado juguetona, ¿eh? – me acercó a él y se fue directo a mis labios.

- Me gusta despertarme por las mañanas y poder besarte. ¡Tengo que aprovechar antes de que te vuelvas un viejo carca! – y me reí ante su cara de circunstancia.

- Seré un viejo carca, pero siempre querré tus besos – fui a decir algo, pero él me calló con más besos.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Capítulo 1

Lo habíamos decidido, íbamos a pasar unos cuantos días en el Valle de Ordesa, en el Pirineo central de Huesca. Estuvimos más de un mes para decidirnos, pero yo les hablé de este precioso valle y les convencí. Iríamos en coche hasta el valle, así que nos tocaba cruzar en barco hasta Francia y luego dos o tres días de viaje hasta nuestro destino. Al principio habíamos pensado en ir sin los niños, porque sabíamos que nos retrasarían. Pero Matt nos oyó hablar sobre ese viaje y se apuntó sin dudarlo. Así que tuvimos que cargar con toda la tropa.

Quedamos en casa de Sam, ya que era la más grande y el punto de partida de todos nuestros viajes. Nosotros llegamos puntuales. Harry llevaba a Lucas en los hombros y yo llevaba la mochila con todas las cosas necesarias y una cámara de fotos. Lucas ya tenía cuatro años, era todo un hombrecito. Fue Matt el que nos abrió la puerta, me dio un fuerte abrazó y le chocó los cinco a Harry. Detrás de él apareció la pequeña de dos años, Lea. Sam pensó en dejarla con los padres de Tom, pero la convencimos de que se la trajera. Entramos y nos dirigimos a la cocina. Ahí estaban los dos, con una taza en la mano y dándose amor.

- Nos vamos a llevar solo a vuestros hijos, así podréis estar solitos – dije acercándome a ellos.

- No os hemos oído – se excusó Sam. - ¡Matt! ¿Cuántas veces te he dicho que no abras la puerta?

- ¡Lo siento mamá! – gritó Matt desde su cuarto.

- ¿Al final encontraste la tienda? – le preguntó Tom a Harry.

- Que va. Nos tocó comprarnos otra. Pero mejor, ya estaba muy vieja – bajó de sus hombros a Lucas mientras lo decía.

- Sam, ¿tienes esos cereales tan ricos? Me muero de hambre y creo que Lucas también – ella asintió y yo me acerqué a la despensa y la abrí, buscando mis cereales favoritos. Encontré una caja pintada con rotulador. Sí, era esa.

- ¿Y el resto? – preguntó Sam.

- Ya sabes lo lenta que es Beth, sobre todo cuando se trata de montañas. No sabes lo que le costó a Doug convencerla – dije mientras ponía muchos cereales en un cuenco.

- Según me ha dicho, ha habido mucho sexo de por medio – dijo Harry rodeándome la cintura con sus brazos y dándome un beso en la nuca. - ¡Yo también quiero!

- ¿El qué? ¿Sexo o cereales? – le pregunté dándome la vuelta.

- Mm, buena pregunta. Creo que me tendré que conformar con los cereales – cogió la cuchara que tenía yo en la mano y empezó a comer.

- ¡Eh! ¡Déjanos un poco! – le quité la cuchara y me terminé el cuenco. Puse unos pocos más y se los di a Lucas.

- Claire, llama a Beth y dile que no se olvide de la cuerda – me pidió Tom.

Estuvimos hablando los cuatro en la cocina mientras los niños jugaban en el cuarto de Matt. Al principio a Lucas le costó mucho separarse de nosotros, pero Matt intentó todos los días acercarse a él hasta que lo consiguió.

Una hora después llamaron al timbre, fue Tom a abrir. Se escuchó un grito de júbilo seguido de pasos de elefante subiendo por las escaleras. Doug y Beth entraron en la cocina seguidos de Tom. Él estaba contento, pero ella tenía una cara larga, parecía de mal humor.

- Buenos días a todos – dijo Beth acercándose a la encimera y cogiendo un vaso de agua.

- ¿Ha habido más sexo esta mañana? – preguntó Harry. Beth le miró con odio. Cuando se terminó el vaso, se acercó a él y le dio en el brazo.

- Creo que ya ha tenido suficiente por un tiempo – parecía muy enfadada.

- Beth, ¿qué te pasa? ¿Qué ha hecho esta vez Dougie? – y le miré acusadora.

- ¡Yo no he hecho nada! Bueno, miento. He estado una semana haciendo de todo para convencerla y que no se enfadara tanto. Pero esta mañana se ha levantado así. No me preguntéis porque.

- No es nada. Simplemente que no quiero ir – dijo ella al fin.

- Va tonta – dijo Sam. – Verás lo bien que nos lo pasamos. Además, creo que Claire no ha sido demasiado dura con el recorrido, ¿no?

- Exacto. Es muy sencillito. ¡Hasta tú lo podrás hacer! – le animé yo.

- No me convence mucho. Pero supongo que ya no puedo echarme atrás. ¿Danny y los niños vienen? – dijo cambiando de tema.

- Lo último que me dijo es que estos días le tocaba quedárselos a ella. Y que sin ellos no quería venir – aclaró Tom.

- Pobrecillo. Cuando empezamos a hablar sobre ir a la montaña tenía pinta de gustarle mucho la idea – dijo Beth apenada.

Hicimos unos bocadillos y subimos a buscar a los niños. El cuarto de Matt era impresionante. Las paredes eran de un azul clarito, imitando el cielo, y de todas partes salían árboles y flores. Parecía totalmente un bosque. Pero lo más divertido era su cama. Para subir tenía que hacerlo por unas escaleras, pero para bajar, lo podía hacer con el tobogán que le habían puesto, y a los niños les encantaba. Justo era eso lo que vimos al entrar en la habitación. Todos encima de la cama y Kim, con Lucas en sus piernas, tirándose por el tobogán.

- Es hora de irse – interrumpió Tom.

- ¡Una vez más! – gritaron las dos mellizas a la vez, y Kim se tiró.

- Pero solo una. No como la última vez – ordenó Sam. En sus brazos tenía a la pequeña Lea.

- Es vuestra culpa por haber puesto ese tobogán tan guay. Ojala fuera otra vez niño – se quejó Doug.

- Cariño, tú siempre serás un niño – le dijo Beth revolviéndole el pelo.

- No lo creo. Porque si lo fuera tú serías una pederasta – y él le sonrió.

- ¿Ya volvemos a hablar de lo mismo? – pregunté yo. No sé cómo lo hacían, pero ese tema era bastante recurrente en nuestras conversaciones.

- Es lo que hay – Doug se encogió de hombros y se dirigió a la cama, pero la mano de Sam lo paró.

- Ni se te ocurra subirte. Aunque seas un niño, pesas como un adulto. Así que ya te estás alejando de la diversión. ¡Y vosotros ya habéis oído a Tom! – Sam se acercó a Matt y con la mano libre le fue empujando para que saliera.

Las mellizas corrieron por toda la habitación hasta que Doug consiguió coger a una y Beth a la otra. Lucas fue mucho más fácil, se acercó a mí y me tendió la mano. Bajamos y recogimos todo. Íbamos a ir en dos coches, uno de siete plazas y otro de cinco. Harry, Lucas, Sam, Lea y yo, íbamos en uno. Todos los demás iban en el grande. Y así comenzamos nuestro viaje.

Introducción

No tengo mucho que decir. Se trata de una historia llena de ternura donde seis amigos se embarcan en un viaje donde encontrarán lugares de ensueño, risas, aventuras, recuerdos, bromas y sensaciones nuevas.
Subiré por capítulos, y como ya está terminado, no creo que tarde entre capítulo y capítulo. Espero que lo disfrutéis y si os apetece me podéis ir diciendo qué os parece.

Allá vamos.