jueves, 8 de septiembre de 2011

Capítulo 1

Lo habíamos decidido, íbamos a pasar unos cuantos días en el Valle de Ordesa, en el Pirineo central de Huesca. Estuvimos más de un mes para decidirnos, pero yo les hablé de este precioso valle y les convencí. Iríamos en coche hasta el valle, así que nos tocaba cruzar en barco hasta Francia y luego dos o tres días de viaje hasta nuestro destino. Al principio habíamos pensado en ir sin los niños, porque sabíamos que nos retrasarían. Pero Matt nos oyó hablar sobre ese viaje y se apuntó sin dudarlo. Así que tuvimos que cargar con toda la tropa.

Quedamos en casa de Sam, ya que era la más grande y el punto de partida de todos nuestros viajes. Nosotros llegamos puntuales. Harry llevaba a Lucas en los hombros y yo llevaba la mochila con todas las cosas necesarias y una cámara de fotos. Lucas ya tenía cuatro años, era todo un hombrecito. Fue Matt el que nos abrió la puerta, me dio un fuerte abrazó y le chocó los cinco a Harry. Detrás de él apareció la pequeña de dos años, Lea. Sam pensó en dejarla con los padres de Tom, pero la convencimos de que se la trajera. Entramos y nos dirigimos a la cocina. Ahí estaban los dos, con una taza en la mano y dándose amor.

- Nos vamos a llevar solo a vuestros hijos, así podréis estar solitos – dije acercándome a ellos.

- No os hemos oído – se excusó Sam. - ¡Matt! ¿Cuántas veces te he dicho que no abras la puerta?

- ¡Lo siento mamá! – gritó Matt desde su cuarto.

- ¿Al final encontraste la tienda? – le preguntó Tom a Harry.

- Que va. Nos tocó comprarnos otra. Pero mejor, ya estaba muy vieja – bajó de sus hombros a Lucas mientras lo decía.

- Sam, ¿tienes esos cereales tan ricos? Me muero de hambre y creo que Lucas también – ella asintió y yo me acerqué a la despensa y la abrí, buscando mis cereales favoritos. Encontré una caja pintada con rotulador. Sí, era esa.

- ¿Y el resto? – preguntó Sam.

- Ya sabes lo lenta que es Beth, sobre todo cuando se trata de montañas. No sabes lo que le costó a Doug convencerla – dije mientras ponía muchos cereales en un cuenco.

- Según me ha dicho, ha habido mucho sexo de por medio – dijo Harry rodeándome la cintura con sus brazos y dándome un beso en la nuca. - ¡Yo también quiero!

- ¿El qué? ¿Sexo o cereales? – le pregunté dándome la vuelta.

- Mm, buena pregunta. Creo que me tendré que conformar con los cereales – cogió la cuchara que tenía yo en la mano y empezó a comer.

- ¡Eh! ¡Déjanos un poco! – le quité la cuchara y me terminé el cuenco. Puse unos pocos más y se los di a Lucas.

- Claire, llama a Beth y dile que no se olvide de la cuerda – me pidió Tom.

Estuvimos hablando los cuatro en la cocina mientras los niños jugaban en el cuarto de Matt. Al principio a Lucas le costó mucho separarse de nosotros, pero Matt intentó todos los días acercarse a él hasta que lo consiguió.

Una hora después llamaron al timbre, fue Tom a abrir. Se escuchó un grito de júbilo seguido de pasos de elefante subiendo por las escaleras. Doug y Beth entraron en la cocina seguidos de Tom. Él estaba contento, pero ella tenía una cara larga, parecía de mal humor.

- Buenos días a todos – dijo Beth acercándose a la encimera y cogiendo un vaso de agua.

- ¿Ha habido más sexo esta mañana? – preguntó Harry. Beth le miró con odio. Cuando se terminó el vaso, se acercó a él y le dio en el brazo.

- Creo que ya ha tenido suficiente por un tiempo – parecía muy enfadada.

- Beth, ¿qué te pasa? ¿Qué ha hecho esta vez Dougie? – y le miré acusadora.

- ¡Yo no he hecho nada! Bueno, miento. He estado una semana haciendo de todo para convencerla y que no se enfadara tanto. Pero esta mañana se ha levantado así. No me preguntéis porque.

- No es nada. Simplemente que no quiero ir – dijo ella al fin.

- Va tonta – dijo Sam. – Verás lo bien que nos lo pasamos. Además, creo que Claire no ha sido demasiado dura con el recorrido, ¿no?

- Exacto. Es muy sencillito. ¡Hasta tú lo podrás hacer! – le animé yo.

- No me convence mucho. Pero supongo que ya no puedo echarme atrás. ¿Danny y los niños vienen? – dijo cambiando de tema.

- Lo último que me dijo es que estos días le tocaba quedárselos a ella. Y que sin ellos no quería venir – aclaró Tom.

- Pobrecillo. Cuando empezamos a hablar sobre ir a la montaña tenía pinta de gustarle mucho la idea – dijo Beth apenada.

Hicimos unos bocadillos y subimos a buscar a los niños. El cuarto de Matt era impresionante. Las paredes eran de un azul clarito, imitando el cielo, y de todas partes salían árboles y flores. Parecía totalmente un bosque. Pero lo más divertido era su cama. Para subir tenía que hacerlo por unas escaleras, pero para bajar, lo podía hacer con el tobogán que le habían puesto, y a los niños les encantaba. Justo era eso lo que vimos al entrar en la habitación. Todos encima de la cama y Kim, con Lucas en sus piernas, tirándose por el tobogán.

- Es hora de irse – interrumpió Tom.

- ¡Una vez más! – gritaron las dos mellizas a la vez, y Kim se tiró.

- Pero solo una. No como la última vez – ordenó Sam. En sus brazos tenía a la pequeña Lea.

- Es vuestra culpa por haber puesto ese tobogán tan guay. Ojala fuera otra vez niño – se quejó Doug.

- Cariño, tú siempre serás un niño – le dijo Beth revolviéndole el pelo.

- No lo creo. Porque si lo fuera tú serías una pederasta – y él le sonrió.

- ¿Ya volvemos a hablar de lo mismo? – pregunté yo. No sé cómo lo hacían, pero ese tema era bastante recurrente en nuestras conversaciones.

- Es lo que hay – Doug se encogió de hombros y se dirigió a la cama, pero la mano de Sam lo paró.

- Ni se te ocurra subirte. Aunque seas un niño, pesas como un adulto. Así que ya te estás alejando de la diversión. ¡Y vosotros ya habéis oído a Tom! – Sam se acercó a Matt y con la mano libre le fue empujando para que saliera.

Las mellizas corrieron por toda la habitación hasta que Doug consiguió coger a una y Beth a la otra. Lucas fue mucho más fácil, se acercó a mí y me tendió la mano. Bajamos y recogimos todo. Íbamos a ir en dos coches, uno de siete plazas y otro de cinco. Harry, Lucas, Sam, Lea y yo, íbamos en uno. Todos los demás iban en el grande. Y así comenzamos nuestro viaje.

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