Desayuné un poco antes de coger otra vez el coche. Esta vez íbamos las chicas y Lea en uno y el resto en el otro. Era yo la que conducía. Beth iba a mi lado y Sam iba detrás, con Lea. Beth abrió la guantera y sacó un CD en blanco, no ponía nada. Me miró con el CD en la mano preguntando que si había algo. Yo le contesté con una sonrisa y lo puse. Empezó a sonar una canción que las tres conocíamos muy bien, Coca cola es así, de Doctor Pitangú. Beth se emocionó al escucharla y cogió su móvil a modo de micrófono y empezó a cantar.
- La sensación más especial, la que no se puede explicar, el sabor de tu vida que siempre estará, a tu lado para disfrutar – y después le pasó el micrófono improvisado a Sam.
- Desde siempre ha estado ahí, desde siempre junto a ti y cuando quieres disfrutar, no hay otra igual – cantó Sam dándolo todo. Luego me puso el micro delante de la cara.
- Momentos para compartir, instantes que te hacen feliz, el saber elegir con quien quieres sentir esa chispa que te hace vivir – y en ese momento cantamos las tres.
- Coca cola es así, la gente viene a refrescar – cantamos Beth y yo.
- Es así – cantó Sam.
- Si tienes sed es lo mejor – volvimos Beth y yo
- Es así – otra vez Sam.
- Sabor único y de verdad, Coca cola, coca cola es así – esta vez las tres juntas.
- El atasco es fenomenal, el disgusto no debe durar, lo mejor es cantar, coca cola esta aquí, distraed, animad, sonreíd – coreamos las tres.
- Coca cola es asi, la gente viene a refrescar – solo Beth y yo.
- Es así – cantó Sam alargando la última vocal.
- Si tienes sed es lo mejor – esta vez solo Beth.
- Es así – cantaron Lea y Sam.
- Sabor único y de verdad, Coca cola es así – terminamos de cantar las tres y nos empezamos a reír.
- ¡No me acordaba de este CD! ¡Cuánto tiempo! – gritó emocionada Beth.
- Siempre lo tengo aquí, por si la radio es aburrida. ¿Os acordáis de esa época? Cuando aún éramos jóvenes… - mi voz sonó demasiado melancólica.
- Tampoco somos tan viejas. Unas canas por aquí, unas arruguitas por allá, pero nada más. ¡Estamos en la flor de la vida! – dijo Sam.
- Eso lo dirás por ti guapita. ¡Que yo me acerco peligrosamente a los treinta y cinco! – se quejó Beth.
- ¡Aún te queda un año jovenzuela! – le animé yo. – Y nosotras estamos también cerquita. ¡Las tres hemos pasado de los treinta! Ojala volviéramos a tener los veinte y volviéramos a ese concierto, ¿os acordáis?
- Perfectamente, como si fuera ayer – dijo Sam. – Lo recuerdo porque ahí es cuando empezaste a estar loquita por Harry.
- Cierto. Aunque hasta dos años después no se fijó él en mí – recalqué yo.
- Gracias a quién, ¿eh? – Beth empezó a darme golpecitos en el hombro.
- Gracias a mi maravillosa Beth. Y a Doug, claro. Si él no se hubiera enamorado perdidamente de ti, ahora estaríamos las tres comiéndonos los mocos – las tres reímos.
- Fue una época muy rara. Gracias a Doug conseguí no derrumbarme – estuvo casi un año viviendo en Londres, y por eso se conocieron.
- Menos mal que ahora vivimos relativamente cerca. Me hubiera resultado muy duro separarme de vosotras – dijo Sam con tristeza.
- ¡Eh! ¿Pero qué es esto? Se supone que es un viaje donde estamos todos y lo único que tenemos que hacer es disfrutar. ¡Así que nada de caras largas o me cabrearé! – les amenacé a las dos.
- Cambiando de tema – dijo Beth pensativa y mirando por la ventana. - ¿Cuándo piensas…? – pero no le dejé continuar.
- Chicas, ya os lo he dicho. No va a haber boda – fin del tema.
- ¡Ya hemos llegado a Toulouse! Por fin podemos parar un poco. ¡Tengo el culo dolorido! – y me obligó a que acelerara para llegar cuanto antes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario