sábado, 10 de septiembre de 2011

Capítulo 2

No tardamos mucho en llegar a Folkestone, donde cogeríamos un tren para cruzar el canal hasta Francia. En menos de dos horas estábamos dentro del tren, acomodados en nuestros asientos y con los niños correteando por todo el vagón. Durante esa hora y pico de tren, estuvimos hablando de lo que teníamos planeado hacer en el valle. Algunos preferían tener un campamento base y de ahí movernos a ver los alrededores. Otros preferían quedarnos en ese campamento base todo el viaje, bueno, más bien era Beth la única que quería eso. Le dijimos que podía quedarse allí sola, pero eso le hacía menos gracia que acompañarnos.

En una hora y poco llegamos a Francia. Nos montamos otra vez en los coches y nos pusimos rumbo a Orleans, donde pasaríamos esa noche. Tuvimos que parar varias veces. Eran cuatro horas de trayecto y los niños empezaban a cansarse. Como pasamos por París, decidimos bajarnos del coche para estirar un poco las piernas y que los niños pudieran jugar un rato. Nos adentramos en el Barrio Latino y estuvimos paseando durante un rato. Encontramos un café que nos había recomendado un amigo francés de la universidad, el café Le Basile, muy frecuentado por estudiantes. Comimos algo y recuperamos fuerzas. A la hora de estar ahí, volvimos a la carretera. En poco menos de una hora llegamos a nuestro destino. Nos pareció una ciudad muy bonita y limpia, con casas blancas inmaculadas y otras casas llenas de colores. Habíamos reservado tres habitaciones en un pequeño hotel que había en el centro. Era muy bonito, pero un poco ruidoso. Las escaleras no paraban de crujir con cada paso. Cenamos juntos, pero no tardamos mucho en retirarnos cada familia a su habitación.

Antes de meternos en la cama, alguien llamó a la puerta. Harry fue a abrir y se encontró con las mellizas con el pijama puesto.

- ¡Buenas noches! – dijeron las dos.

- Buenas noches chicas. ¡Espero que podáis dormir algo! Porque los ronquidos de vuestro papá son insoportables – les contestó Harry.

- ¡Por lo menos yo no ocupo tanto espacio! – se oyó gritar desde la habitación de al lado.

- Aquí nadie se ha quejado por eso… – dijo Harry dándose la vuelta para mirarme.

- Todavía – terminé su frase.

Harry cerró la puerta y se metió en la ducha. Yo me puse el pijama y me metí en la cama, con Lucas a mi lado. No tardó nada en dormirse, había sido un viaje muy largo para él. Me encantaba mirarle cuando dormía, se hacía un ovillo y siempre miraba hacia el mismo lado. No me di cuenta de que Harry ya se había tumbado hasta que pasó su brazo por encima de la cabeza de Lucas y me acariciaba.

- Me encantan estos momentos – le dije mirándole y sonriendo.

- Lo sé, se te nota en los ojos, eres feliz – se acercó un poco más y me dio un fugaz beso.

- Te quiero.

- Y yo a ti.

Nos dimos otro beso y apagamos la luz. Teníamos que descansar, nos esperaban muchas más horas de viaje. Cuando me desperté, no vi a ninguno de los dos a mi lado. Escuché un ruido que venía del baño y me levanté para ver si estaban ahí. Harry se estaba lavando los dientes, pero Lucas no estaba.

- Tranquila, está desayunando con los demás. Parecías agotada, así que he preferido dejarte dormir un rato más – y continuó cepillándose los dientes.

- Gracias – me acerqué a él y le abracé por detrás.

Nos miré con detenimiento a través del espejo. Él lo notó y me sonreía mientras seguía aseándose. No nos hacía falta decirnos nada para saber que nos queríamos y que siempre estaríamos juntos. Ni siquiera nos hacía falta casarnos para eso, bueno, o por lo menos a mí. Yo era feliz como estaba, con Harry y Lucas, no necesitaba nada más. Unos simples papeles no demostraban nada, lo que sentíamos solo lo teníamos que saber él y yo. ¿Por qué teníamos que demostrarlo al resto del mundo? ¿Por qué era necesario que quedara plasmado en un papel? No me gustaba nada esa idea, y Harry me apoyaba, pero cada vez me daba más la sensación de que él quería otra cosa. Cuando veía a Doug y Beth o a Tom y Sam, una mirada de envidia se le ponía en el rostro, y eso yo lo notaba. Lo dejamos claro cuando nuestra relación se hizo seria y también cuando tuvimos a Lucas. Él nunca insistió, pero en el fondo se moría por casarse conmigo. Doug y Danny solían bromear con el asunto, y las chicas siempre me presionaban para que diéramos el paso. Pero casarme no entraba dentro de mis planes.

Unas gotas de agua me sacaron de mis pensamientos. Harry ya había terminado y me estaba salpicando para que volviera a la tierra. Yo le sonreí divertida y me colgué de su cuello. Empecé a darle pequeños mordiscos y conseguí que me abrazara.

- Hoy te has levantado juguetona, ¿eh? – me acercó a él y se fue directo a mis labios.

- Me gusta despertarme por las mañanas y poder besarte. ¡Tengo que aprovechar antes de que te vuelvas un viejo carca! – y me reí ante su cara de circunstancia.

- Seré un viejo carca, pero siempre querré tus besos – fui a decir algo, pero él me calló con más besos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario